Desde El Alcázar
Las I Primeras Jornadas de la Guerra Civil en Toledo no fueron simplemente un encuentro académico: fueron un latido colectivo, una llamada a la memoria pronunciada desde las piedras centenarias del Alcázar. Durante dos días, la ciudad se convirtió en aula viva, en escenario consciente de su propia historia, y el resultado no pudo ser más elocuente: un éxito rotundo de participación, profundidad y emoción compartida.
El viernes 12 de diciembre, la Biblioteca Pública de Castilla-La Mancha, en lo alto del Alcázar, abrió sus puertas a una experiencia tan íntima como reveladora. El taller de lectura musicalizado, bajo el título “Relatos inéditos de la Guerra Civil Española”, ofreció algo poco frecuente: la posibilidad de escuchar la guerra en primera persona, sin filtros, sin épica impostada, desde la voz manuscrita de Luís Teulón Hernández. Sus memorias, inéditas hasta ahora, se convirtieron en puente entre generaciones.
La lectura, conducida con sobriedad y sensibilidad por Don Juan José Fernández Delgado, escritor de sólida trayectoria —autor de La última página, La golondrina, Como un castillo de naipes, Golfines, bandoleros y maquis en los Montes de Toledo y Toledo: la prodigiosa voz de su llamada—, transformó el acto en algo más que una presentación literaria. Fue un ejercicio de escucha profunda. Su voz dio cuerpo a las palabras de Teulón, y quienes se animaron a participar como lectores añadieron matices personales, haciendo del coloquio un espacio vivo y coral.

La música de Andrea Blázquez Jiménez envolvió la tarde con una atmósfera delicada y evocadora. Su trayectoria junto a formaciones como la Beethoven Symphony Orchestra, Madrid Sinfónica del Arte o la Orquesta Euroamericana de Madrid, así como su participación en el musical La Cenicienta en la Gran Vía madrileña, aportaron un nivel artístico que elevó la experiencia. Las notas no ilustraban la historia: la acompañaban, la subrayaban, la respiraban.
La jornada concluyó con una visita nocturna titulada “Breve y sustancioso paseo por la historia de Toledo”, un recorrido que, bajo la luz tenue de la ciudad, recordó que Toledo no es solo escenario de un episodio concreto, sino cruce milenario de culturas y conflictos. Fue un cierre perfecto: historia, palabra y ciudad fundidas en un mismo relato.
El sábado 13, la mañana comenzó con el ciclo de ponencias “Desde el Alcázar”, nombre tan simbólico como el lugar que las acogía. Tras la recepción y bienvenida, el historiador Pablo Gracia Vera, presidente de GRH El Comité, abrió el programa con la conferencia “El poder dinamizador de la recreación histórica: el caso de Robres”. Su intervención puso en valor la recreación como herramienta pedagógica y social, capaz de acercar el pasado a nuevas generaciones sin trivializarlo. La posterior explicación sobre uniformidad, a cargo del Grupo de Recreación Histórica “El Comité”, aportó rigor visual y materialidad a lo estudiado en los libros.
A continuación, el coronel retirado José Romero Serrano, con su amplia experiencia en el Ejército y en el ámbito de la historia militar, ofreció la ponencia “1936: Toledo y Sigüenza bajo asedio”. Su análisis combinó precisión estratégica y claridad expositiva, ayudando a comprender la complejidad militar de aquellos primeros compases del conflicto.
La mañana continuó con la intervención del doctor Luis A. Ruiz Casero, arqueólogo e investigador especializado en la Guerra Civil, quien presentó “Toledo y Guadalajara: Los frentes olvidados de Castilla”. Su mirada hacia los escenarios secundarios, la presencia femenina en combate y la materialidad del patrimonio bélico amplió el foco habitual, recordando que la historia también se construye en los márgenes. El debate posterior confirmó el interés suscitado: preguntas, matices y reflexiones demostraron que el público no había acudido solo a escuchar, sino a dialogar.

Por la tarde, la historia salió definitivamente a la calle con la visita urbana “Asalto al Alcázar. Verano de 1936”. Desde el mirador inicial hasta Zocodover, desde la Plaza de la Magdalena —con los impactos aún visibles— hasta la fachada sur del Alcázar y el Museo de Santa Cruz, el recorrido reconstruyó los combates, los asedios y las minas que marcaron el verano de 1936. Cada esquina hablaba.
A las 16:00 horas, de la mano de Don Guillermo Poza Madera, especialista de referencia en el estudio de la Guerra Civil, el relato cobró densidad histórica. A las 16:30, Carlos Iriarte Aguirrezabala, profundo conocedor del conflicto, guio el segundo pase con solvencia y cercanía. El uso de audioguías permitió seguir cada explicación con nitidez, mientras el seguro de asistencia y la organización cuidada reflejaban una planificación impecable.
El éxito de estas primeras jornadas no se mide únicamente en asistencia, sino en calidad humana e intelectual. Se logró algo difícil: conjugar rigor académico, emoción literaria, experiencia sensorial y diálogo abierto. Toledo no fue un decorado; fue protagonista.
El agradecimiento es, por tanto, imprescindible y sincero:
- A la Biblioteca Pública de Castilla-La Mancha por acoger el evento en un espacio tan simbólico.
- A Juan José Fernández Delgado, por su magisterio y generosidad literaria.
- A Andrea Blázquez Jiménez, por poner música a la memoria.
- A Pablo Gracia Vera y al Grupo de Recreación Histórica “El Comité”, por su compromiso divulgativo.
- Al coronel José Romero Serrano, por su claridad y profundidad analítica.
- Al doctor Luis A. Ruiz Casero, por ampliar horizontes historiográficos.
- A Guillermo Poza Madera y Carlos Iriarte Aguirrezabala, por convertir las calles en páginas abiertas.
- A Álvaro Moreno y Adrián Arroyo , por la cesión del material fotográfico empleado en este artículo.
- Y, por supuesto, a todos los asistentes, cuya participación activa dio sentido a cada intervención.
Toledo demostró que la historia no es un eco lejano, sino una conversación presente. Estas I Jornadas han sembrado algo más que conocimiento: han despertado una conciencia histórica compartida. Y eso, en sí mismo, ya es un logro memorable.
